Principios de nuestra Fundamentación

Concebimos la danza como expresión de tiempos remotos, unida en sus inicios a funciones mágico-religiosas. El hombre la utilizaba en rituales para comunicarse con los dioses y operar en la naturaleza. “El arte surge como prueba y muestra de la autoconciencia acerca de los poderes y las capacidades transfomadoras del hombre” (Serrano, Raúl). Si bien hoy y en el contexto de la danza occidental considerada como espectáculo se la desvincula de sus funciones religiosas, cabe destacar que concebimos un sujeto activo y transformador, propio de la filosofia de la praxis.

¿Por qué no transformarse uno mismo, el entorno y la comunidad a partir de la danza, el canto o el teatro?

Partimos del concepto de un cuerpo propio, valorándolo como instrumento con las características de cada alumno. Rechazamos la idea de cuerpo vacío o cuerpo ideal, desde la filosofia platónica. Un cuerpo propio es un cuerpo subjetivado desde cada persona, alumno. Un cuerpo atravesado por particularidades físicas, emocionales, históricas, temporales. Avanzamos aún más: el cuerpo no es sólo instrumento, es nuestro objeto y sujeto de trabajo en la danza y en general en todas las artes representativas.

El teatro, también es parte de las artes representativas y nace de la necesidad humana de conocerse, comunicarse y trascender. Desde su surgimiento en la improvisación popular de una fiesta religiosa griega, hasta las diversas estructuras que conocemos hoy persiguió este sentido.
Compartimos plenamente la idea de Eduardo Galeano: “Hacemos teatro a partir de una necesidad de comunicación y comunión con los demás, para denunciar lo que duele y compartir lo que da alegría. Uno supone que el teatro transmite conocimiento y actúa sobre el alma y la conducta de quien lo recibe, que nos ayuda a conocernos más, quizás para salvarnos juntos”

La clase será propuesta como un espacio para el error. Permitir equivocarse y volver a comenzar sin que esto produzca una paralización por el miedo al juicio de los demás se tomará como una constante que permitirá una libertad progresiva para crear y para traspasar los límites y prejuicios personales (combatir el “yo no puedo hacer eso”).
Las clases no pueden observarse para cuidar el clima de la trabajo y la ‘exposición’ de los alumnos. Debe crearse un clima de confianza y cuidado para que el alumno se sienta contenido por el profesor y el grupo.

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